Hola , esto no es un libro que haya leido, es una obra de teatro que mi hermana me ha recomendado ver...como si viviese en Madrid JA JA JA
Aparcar un ratito la ciencia, los niños , el trabajo y el whapssap... me hizo reir, esa cosa maravillosa que es reir....
Obra
de teatro LA LENGUA MADRE
AUTOR
Juan José Millás
NOTA
DEL AUTOR
De
un primo lejano nuestro se decía en la familia que era amorfo. Un día estaba yo
ayudando a mi padre a arreglar la cisterna del retrete cuando se me ocurrió
preguntarle qué quería decir aquella palabra, amorfo. Recuerdo que emergió de
debajo de la taza del retrete con el pelo desordenado y dijo:
-Pues
una persona sin personalidad.
Yo
me quedé pensando un rato y al final le pregunté si una persona sin
personalidad era lo mismo que una mesa sin mesalidad, lo que no me cabía en la
cabeza, o una sartén sin sartenidad, lo que tampoco me parecía posible. Mi
padre volvió a asomar la cara con expresión de lástima y dijo:
-¿Tú
eres idiota o qué?
No
volví a preguntarle ninguna duda lingüística, aunque las dudas lingüísticas
eran, junto a las religiosas, las que más me torturaban. No comprendía, por
ejemplo, por qué al pronunciar la palabra “rata” veía dentro de mi cabeza una
rata mientras que al pronunciar “ra” no veía media rata. Tuve una relación muy
conflictiva con la lengua madre, muy intensa también, pues ciertas dificultades
de pronunciación que todavía arrastro hacían que las palabras, dentro de mi
boca, parecieran objetos, más que sonidos. Las masticaba o las ensalivaba como
si fueran un dulce y lo cierto es que para mí tenían sabor, olor, color,
textura. Algunas palabras eran duras como piedras y otras se deshacían como la
espuma al contacto con la lengua. De otro lado, enseguida advertí también que
una palabra podía arreglarte el día o estropeártelo porque había palabras que
curaban y palabras que mataban, palabras que te hacían reír o que te hacían
llorar, palabras que te adormecían o que te provocaban insomnio. Descubrí con
asombro que las palabras dirigían la vida de los hombres, ya que, lejos de
conquistarlas, según creíamos, eran ellas las que nos colonizaban. En gran
medida, estamos hechos, o deshechos, de palabras.
De
esa extrañeza frente a la lengua nacería, muchos años después, este monólogo
que trata de eso, de lo raro que es hablar o ser hablado.
Juan José Millás