Monday, 9 November 2015


Hola , esto no es un libro que haya leido, es una obra de teatro que mi hermana me ha recomendado ver...como si viviese en Madrid JA JA JA
Aparcar un ratito la ciencia, los niños , el trabajo y el whapssap... me hizo reir, esa cosa maravillosa que es reir....
Obra de teatro LA LENGUA MADRE

AUTOR Juan José Millás

NOTA DEL AUTOR

De un primo lejano nuestro se decía en la familia que era amorfo. Un día estaba yo ayudando a mi padre a arreglar la cisterna del retrete cuando se me ocurrió preguntarle qué quería decir aquella palabra, amorfo. Recuerdo que emergió de debajo de la taza del retrete con el pelo desordenado y dijo:

-Pues una persona sin personalidad.

Yo me quedé pensando un rato y al final le pregunté si una persona sin personalidad era lo mismo que una mesa sin mesalidad, lo que no me cabía en la cabeza, o una sartén sin sartenidad, lo que tampoco me parecía posible. Mi padre volvió a asomar la cara con expresión de lástima y dijo:

-¿Tú eres idiota o qué?

No volví a preguntarle ninguna duda lingüística, aunque las dudas lingüísticas eran, junto a las religiosas, las que más me torturaban. No comprendía, por ejemplo, por qué al pronunciar la palabra “rata” veía dentro de mi cabeza una rata mientras que al pronunciar “ra” no veía media rata. Tuve una relación muy conflictiva con la lengua madre, muy intensa también, pues ciertas dificultades de pronunciación que todavía arrastro hacían que las palabras, dentro de mi boca, parecieran objetos, más que sonidos. Las masticaba o las ensalivaba como si fueran un dulce y lo cierto es que para mí tenían sabor, olor, color, textura. Algunas palabras eran duras como piedras y otras se deshacían como la espuma al contacto con la lengua. De otro lado, enseguida advertí también que una palabra podía arreglarte el día o estropeártelo porque había palabras que curaban y palabras que mataban, palabras que te hacían reír o que te hacían llorar, palabras que te adormecían o que te provocaban insomnio. Descubrí con asombro que las palabras dirigían la vida de los hombres, ya que, lejos de conquistarlas, según creíamos, eran ellas las que nos colonizaban. En gran medida, estamos hechos, o deshechos, de palabras.

De esa extrañeza frente a la lengua nacería, muchos años después, este monólogo que trata de eso, de lo raro que es hablar o ser hablado.

Juan José Millás

 

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